Convento de Santa Clara, otra víctima de las Leyes de Reforma

Al igual que ocurrió con el convento de San Francisco, el de Santa Clara, ya exclaustradas las monjas, soportó la apertura de la calle de Motolinia, misma que cortó el terreno en dos enormes bloques, uno al oriente, otro al poniente, donde se ubica el templo

Por Roberto Santa Cruz (*)
Imagen ilustrativa: RSC

Otro de los grandes espacios conventuales desaparecidos en la ciudad de México a raíz de la Reforma fue el Convento de Santa Clara. Del complejo religioso únicamente queda el templo con su doble portada, típica de las iglesias pertenecientes a órdenes de monjas, como se aprecia en otras como Santa Teresa la antigua y Santa Teresa la nueva; también queda en pie una pequeña capilla en la esquina de Bolívar y Tacuba.


La doble portada del exconvento de Santa Clara
La pequeña capilla que se localiza en Bolívar y Tacuba

Su historia se remonta a la llegada, primero, de la orden de San Francisco en el siglo XVI, compuesta por varones, si bien la orden de las Monjas Clarisas tuvo un convento definitivo en México hasta el año de 1601, 80 años después de la conquista. El primer benefactor fue, de acuerdo con los registros disponibles, Antonio Arias Tenorio, quien murió sin ver terminada la obra.


La construcción del convento fue lenta. En una segunda etapa, el patrocinador fue Juan de Ontiveros Barrera, quien dispuso una herencia para las monjas y con ello se finalizó la obra en octubre de 1661. Pero poco después vendría un percance mayúsculo. Leemos:

Pronto el conjunto sufrió severos daños porque, entre otras causas, en 1667 un incendio destruyó parte del templo y del convento y en 1673 aparecieron varias cuarteaduras que afectaron las bóvedas y la pared de la sacristía. En esta ocasión las religiosas se vieron imposibilitadas para emprender las reparaciones necesarias por falta de recursos, y fue entonces cuando intervino Juan Caballero y Ocio, quien además propició la construcción de otro convento de las Clarisas en la ciudad de Querétaro.

Hay que recordar que ya antes, Caballero había ayudado al convento de esta orden en Querétaro, donde profesaron dos de sus hermanas; es probable que las religiosas, conociendo la magnanimidad del sacerdote, hayan acudido a él con el fin de solicitarle que apoyara al convento de México.1

Juan Caballero y Ocio
Museo Regional de Querétaro

Como ocurrió con otras propiedades eclesiásticas, Santa Clara fue expropiada a consecuencia de las Leyes de Reforma, y su terreno dividido y vendido en lotes. Así fueron derribadas dependencias. No existe vestigio alguno del claustro, como sí ocurre con la sede de Betlemitas, convento del que ya nos ocupamos anteriormente, y que logró sobrevivir aunque mutilado.

La superficie total de Santa Clara se calcula que llegó a 12 mil 500 metros cuadrados. En la historia de Santa Clara hay que consignar que el templo, ya despojado de altares y obras de arte, se convirtió en cantina, propiedad de un hombre llamado Manuel Echeverría, quien le puso el nombre comercial de La Constancia, una función muy alejada del servicio espiritual de sus muros.

En la parte oriente de la capilla, en tiempos modernos, se construyó el acceso a la estación del Metro Allende, cuyo contraste es evidente en estilo.

Contraste
Otra perspectiva

La demolición de edificios de fines del siglo XIX y principios del siglo XX propició nuevas construcciones que después, como paradoja, dieron su espacio a nuevas propuestas. Al sur de la iglesia, sobre Bolívar, existe un enorme edificio de oficinas cuyo estilo recuerda vagamente al gótico en su fachada.

Esquina sur de las calles de Tacuba y Bolívar

Al igual que ocurrió con el convento de San Francisco, el de Santa Clara, ya exclaustradas las monjas, soportó la apertura de la calle de Motolinia, misma que cortó el terreno en dos enormes bloques, uno al oriente, otro al poniente, donde se ubica el templo.

La capilla que vemos en la esquina de Bolívar y Tacuba es muy pequeña; sin embargo fue levantada con proporciones que la hacen ver muy estética. En su hornacina luce a la Virgen María.

Hornacina dedicada a la imagen de la Virgen María

Con el paso del tiempo, la nave del templo pasó a manos de la Cámara de Diputados, para un proyecto que de alguna forma la rescató para funciones menos indecorosas. Leemos:

En 1935 el Diputado Carlos A. Calderón presentó una iniciativa “con el objeto de que la Biblioteca de la H. Cámara de Diputados sea puesta al servicio del Público, en bien de la cultura popular”.​ La comisión de diputados que dictaminó la iniciativa, propuso crear la Biblioteca del Congreso de la Unión, conjuntando los acervos de la Cámara de Diputados, de la Cámara de Senadores y de la Contaduría Mayor de Hacienda, y solicitando al Poder Ejecutivo la donación del ex Templo de Santa Clara, local equidistante, en ese entonces, a ambas cámaras.2

La biblioteca se concretó un año después, en 1936, convirtiéndose en Biblioteca del Congreso aunque con acceso limitado, más aún por la contingencia sanitaria del Covid-19.3

Al parecer existe un proyecto para transformarla nuevamente bajo los actuales criterios archivonómicos y de biblioteconomía para agilizar las consultas de los lectores.

Referencias

1. Montoya Rivero, María Cristina. (2010). Juan Caballero y Ocio, patrono y benefactor de obras religiosas. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 32(97), 29-70. https://doi.org/10.22201/iie.18703062e.2010.97.2320

2. Red de Bibliotecas y Archivos del Centro Histórico de la Ciudad de México. (Sin fecha). Biblioteca General del H. Congreso de la Unión. Unidad Centro Histórico. Congreso de la Unión. Recuperado de https://granbibliotecacdmx-org.codexvirtual.org/congreso/

3. H. Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (Sin fecha). Biblioteca General. Ubicación y horarios. Recuperado de http://www.diputados.gob.mx/sedia/biblio/bibgen_ubica.htm

(*) Por Roberto Santa Cruz

Periodista mexicano

El Convento de San Francisco

Lo que comenzó como una pequeña misión fue creciendo e implicó que los franciscanos buscaran ampliar su iglesia, y así fue que en 1716 se reedificaron la nave principal y la Capilla de Balvanera, bajo el talento de Jerónimo Antonio Gil

Por Roberto Santa Cruz (*)

Imagen ilustrativa: Especial

Un año después de la caída de Tenochtitlán, en 1522, con la clara misión de evangelizar, tres integrantes de la Orden de San Francisco, fray Pedro de Gante, Juan de Ayora y Juan de Tecto, llegaron a estas tierras, la naciente Nueva España.

Una labor nada fácil, dadas las circunstancias.

De manera inicial, trabajaron en lo que fue el señorío de Texcoco, pero dos años después, con la llegada de otros frailes franciscanos, se trasladaron a la ciudad de México. Doce religiosos más se integraron en 1524, cuando desembarcaron en Veracruz el 13 de mayo de ese año, lo que implicó que buscaran donde instalarse, donde poder vivir y orar.

Leemos:

Fue en 1524 cuando llegaron los llamados ‘doce primeros’ franciscanos y comenzaron su labor en los pueblos del Valle de México, Texcoco, Huejotzingo y Tlaxcala, que se convirtieron en los primeros centros de cristianización…1

Hernán Cortés, el conquistador, aportó los fondos y así pudieron asentarse en el terreno de 40 mil metros cuadrados. Los límites actuales son Eje Central, Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y Simón Bolívar.

Enorme superficie, donde se levantarían una iglesia principal —dedicada a San Francisco de Asís—, capillas, dormitorios, refectorio, huertas, biblioteca y todo lo que pudiera facilitar la estancia de los monjes.

Entre las capillas figuraba una dedicada a la Virgen de Aranzazú, abierta para los peninsulares de origen vizcaíno.

Lo que comenzó como una pequeña misión fue creciendo e implicó que los franciscanos buscaran ampliar su iglesia, y así fue que en 1716 se reedificaron la nave principal y la Capilla de Balvanera, bajo el talento de Jerónimo Antonio Gil.

Capilla de la Balvanera. (RSC)

La magnificencia del altar de la Capilla de la Balvanera es objeto de admiración y reconocimiento hoy en día.

Altar y cúpula de la Capilla de la Balvanera. (RSC)

La puerta que comunica ambos espacios es formidable, con columnas salomónicas y las esculturas de San Antonio, San Judas Tadeo, San Ignacio de Loyola y un Cristo.

Puerta que comunica con la Capilla de la Balvanera. (RSC)

La vida al interior del convento poco se alteró en tres siglos. Puede uno imaginar, con base en los grabados, la paz y tranquilidad; a los frailes en los grandes oficios o en sus celdas humildísimas.

Eugenio Landesio, uno de los pintores académicos más sobresalientes en México, maestro de la Academia de San Carlos, logró plasmar parte de esa atmósfera espiritual en el cuadro Antesacristía del Convento de San Francisco, de 1855.

Antesacristía del Convento de San Francisco, de Eugenio Landesio

De allí se multiplicaría la labor franciscana a todos los territorios del Virreinato, con la expansión de la catequesis y la educación. Los franciscanos se convirtieron en los grandes educadores de los indios, catequistas y promotores del arte.

Desaparición

Las Leyes de Reforma, de las que ya hemos hablado en el artículo dedicado al Convento de Santo Domingo, alcanzaron en 1868 al de San Francisco.

Al pasar a ser propiedad del Estado, comenzó su división en solares y se pusieron a la venta los terrenos. Uno de los beneficiados con ello fue Matías Romero, quien vendió parte del claustro a una confesión protestante, la Iglesia Metodista, que aún está allí, sobre la calle de Fray Pedro de Gante.

Apunta el gran escritor, Cronista de la Ciudad de México, Salvador Novo en su obra México, de 1968:

Se dispersó su valiosísima biblioteca de 16,417 volúmenes, algunos de los cuales aparecieron más tarde en bibliotecas europeas; se vendieron a particulares terrenos del convento y se dio a los protestantes, que la conservan, la capilla que caía (sic) a actual Gante.2

La iglesia principal, rica en arte virreinal, fue desmantelada y sus muros quedaron totalmente desnudos.

Foto: Especial

Después de 30 años de uso, los episcopales venden de nuevo aquella propiedad a la orden de San Ignacio de Loyola, la Compañía de Jesús, y así pasan de nuevo a manos católicas en 1898.

Después, regresa a manos de los seguidores de San Francisco, quienes hasta ahora tienen a su cargo la propiedad.

Uno de los principales méritos al ser recuperada la iglesia fue que se reconstruyó minuciosamente el Altar principal del templo, una obra prodigiosa que, al verla, no se pensaría que es reciente.

El constructor original fue Jerónimo Antonio Gil, en el siglo XVIII.

Altar principal. (RSC)

Pero los estragos fueron mayores en la espléndida fachada de la iglesia. Los grabados previos a la expropiación liberal del siglo XIX muestran una hermosa fachada barroca, con cantera labrada y una pequeña torre.

Aquello fue borrado.

Así era la fachada del templo de San Francisco. (Especial)
Así luce actualmente la fachada del templo dedicado a San Francisco. (RSC)

El derribo de un hotel vecino a la Torre Latinoamericana permitió rescatar parte de uno de los patios, lo que aunado a la reconstrucción del Edificio Rule, que ocupa parte los terrenos vendidos, liberó también la fachada del templo y unos arcos del convento.

La imagen inferior muestra los vestigios de los arcos del Convento de San Francisco.

Vestigios de los arcos. (RSC)

La fachada lateral de San Francisco, que se abría hacia el norte de la propiedad, se mantiene, pero sí sufrió que varios escudos fueran borrados en una falsa pretensión de eliminar su origen, algo que lamentablemente se ha repetido ahora con monumentos profanados como el de la Independencia.

Fachada norte. (RSC)

En un grabado antiguo se aprecia su esplendor e incluso, a la izquierda, parte de una de las capillas derribadas.

Fachada norte, antes de las Leyes de Reforma. (Especial)

La fragmentación de San Francisco fue tal que una de las capillas, la Capilla del Calvario, quedó aislada dentro de un nuevo edificio porfiriano en la esquina de Venustiano Carranza y Eje Central.

Capilla del Calvario. (RSC)

En ese sitio, funcionó el Consejo de la Crónica, hasta su desaparición en tiempos de Marcelo Ebrard como jefe de gobierno de la Ciudad de México. Destacado integrante de la misma fue el historiador Guillermo Tovar de Teresa, autor de la obra Crónica de un patrimonio perdido, en dos tomos, que describe la destrucción de inmuebles en la capital.

Proyectos

Hace varios años se planteó la posibilidad de reconstruir la fachada y los arcos vecinos. Esto quedó detenido, no se ha dicho nada más. Incluso el patio que comunica con la Torre Latinoamericana ha sido nuevamente dividido y las escaleras que iban del templo hacia ella, cerradas con obstáculos.

El patio, hoy. (RSC)

El convento de San Francisco fue el más importante de la ciudad. Aún hoy resulta impresionante ver su iglesia principal e imaginar otras partes que simplemente fueron derribadas en el furor de la Reforma.

Así, hemos escrito ya del derribo de los conventos de Santo Domingo y de Betlemitas. Posteriormente lo haremos lo propio con el de San Agustín, cuya capilla se convertiría en la Biblioteca Nacional.

Fuentes consultadas

  1. José Manuel Martínez Aguilar. Formación y usos de los conventos en la provincia franciscana de Michoacán durante el virreinato. (México: El Colegio de México, 2020). Recuperado de
    https://historiamexicana.colmex.mx/index.php/RHM/article/view/4164/4332

(2) Salvador Novo. México. (México: Ediciones Destino, 1968), p. 232