¿Qué dijo Blanca Jiménez Cisneros del problema del agua tres semanas antes de renunciar a CONAGUA?

  • El agua, tema global que requiere soluciones locales
  • El nivel de estrés hídrico es variable por regiones, afirmó Blanca Jiménez Cisneros, ex titular de la CONAGUA
  • Sus declaraciones se dieron el 18 de marzo pasado, en el marco del ciclo de conferencias “Mujeres líderes por un futuro sustentable” organizado por la UNAM
  • Tres semanas después, el presidente López Obrador la propuso como embajadora de México en Francia

Por Redacción de Scripta Manent
Multimedia: Coordinación General de Comunicación Social de la UNAM

Documento original: Boletín 242 de la CGCS de la UNAM

Tres semanas antes de que se diera a conocer su renuncia a la dirección general de la Comisión Nacional del Agua, la doctora Blanca Jiménez Cisneros hizo un balance de la crisis hídrica global.

El 18 de marzo pasado, recordó que, en 2016, la crisis del agua ocupó el primer lugar de los riesgos más importantes para la humanidad poyectados para la próxima década con un 39.8 por ciento; cuatro años después; cuatro años después -expuso en esa ocasión- la pandemia de COVID-19 evidenció la importancia del acceso al agua para el bienestar de la sociedad.

Dra. Blanca Jiménez Cisneros
Cortesía: UNAM

Indispensable para la vida desde lo individual hasta lo colectivo, compleja y transversal en su manejo, el agua es un elemento central que ha sido considerada en el punto seis de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a fin de garantizarla limpia y saneamiento para todos, precisó en aquella ocasión.

El boletín 242 de la Coordinación General de Comunicación Social de la UNAM dio más detalles acerca de las declaraciones de la hoy ex directora general de la CONAGUA y futura embajadora de México en Francia. Leamos:

Sin embargo, su manejo adecuado enfrenta problemas en los diferentes países; asegurarla para la población en general es un reto constante en el que México trabaja como nación heterogénea, donde el recurso y la sociedad tienen problemáticas distintas por regiones, argumentó Jiménez Cisneros.

La funcionaria e investigadora del Instituto de Ingeniería (II) de la UNAM participó en el pasado 18 de marzo en el ciclo de conferencias “Mujeres líderes por un futuro sustentable”, organizado por la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (CoUS), el cual fue presentado por Alberto Ken Oyama Nakagawa, secretario de Desarrollo Institucional, y Alexandra Aguilar Bellamy, titular de la CoUS.

Con indicadores de México para los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) de la Agenda 2030, Jiménez Cisneros señaló que 64 por ciento de la población nacional tiene suministro de agua potable, mientras que 87 por ciento utiliza servicios de saneamiento; es decir, está conectado a una red pública o fosa séptica y cuenta con sanitario exclusivo para su vivienda.

Además, 49 por ciento de aguas residuales se trata de manera adecuada y 53 por ciento de los cuerpos de agua tienen buena calidad del líquido.

El nivel de estrés hídrico es variable por regiones. A nivel nacional es de 47 por ciento; es alto en el norte, medio en el centro y bajo en el sur, de manera general.

El 39 por ciento de la superficie está sujeta a arreglos transfronterizos, especialmente con Estados Unidos, aunque faltan acuerdos con Guatemala, reconoció.

“Si bien el tema del agua es muy global y todo mundo opina, las soluciones de los problemas son locales. Es algo que hay que entender porque no podemos generalizar y tener puntos de vista generales”, subrayó.

Atención a la COVID-19

Al referirse a algunas acciones que ha implementado el organismo a su cargo para atender la emergencia sanitaria, informó que la CONAGUA participó en el monitoreo de 594 hospitales, vigilando el almacenamiento y desinfección de agua, con mejoras en 85 por ciento de ellos; se brindó apoyó a 759 hospitales fijos y ambulatorios con pronóstico climático y se instalaron más de mil estaciones para lavado de manos en espacios públicos y hospitales COVID-19.

La funcionaria estimó que 19 millones de personas de 30 entidades del país fueron beneficiadas con subsidios emergentes para desinfección del agua; dos millones en situación vulnerable de 28 estados fueron atendidas por las brigadas de Protección a la Infraestructura y Atención a Emergencias.1

Cortesía: UNAM

Referencia

  1. UNAM. «El agua, tema global que requiere soluciones locales». Coordinación General de Comunicación Social. (Boletín 242, publicado el 18 de marzo de 2021). Recuperado de https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2021_235.html

Estrés hídrico y desigualdad, factores que encarecen el agua

  • Considerarla como un bien comercializable pone un derecho humano básico en manos de instituciones financieras e inversionistas
  • El acceso al agua es más caro para quienes menos tienen: Karina Caballero Güendulain, de la Facultad de Economía

Por Coordinación General de Comunicación Social de la UNAM

Multimedia: UNAM

(El presente material fue publicado originalmente por la UNAM el 19 de marzo de 2021)

Si se reporta una disminución significativa en la cantidad y calidad disponible de agua dulce necesaria para satisfacer las necesidades de agua dentro de una región, esta situación puede relacionarse con el estrés hídrico, el cual mide la proporción de extracción en relación con la disponibilidad de agua.

Aún más, el estrés hídrico es impulsado por el crecimiento demográfico y económico, así como por el cambio climático y la degradación de los ecosistemas, aseguró Karina Caballero Güendulain, académica de la Facultad de Economía.

Hoy en día, el estrés hídrico afecta a una cuarta parte de la población mundial. No es un problema exclusivo de los países en desarrollo, y de no haber un cambio en sus causas, parece que seguirá aumentando, lo que tendrá efectos nocivos para la vida humana, la seguridad alimentaria, la salud, y afectará las actividades económicas.

Asimismo, incidirá en el desplazamiento de millones de personas en busca de lugares en los cuales puedan tener acceso al preciado recurso en los próximos años, alertó.

En tanto, la demanda de agua dulce continúa en aumento de manera significativa debido al crecimiento poblacional, al desarrollo económico y a los patrones de consumo, lo que incrementa el uso del agua para las necesidades domésticas, industriales y agrícolas. Cabe advertir, dijo, que la agricultura representa alrededor de 70 por ciento del uso del agua dulce global, lo cual hace que la cadena de suministro de alimentos y bebidas sea altamente sensible al estrés hídrico.

Actualmente se observa una enorme desigualdad en la disponibilidad de agua en las sociedades, asociada, en primer lugar, a factores geográficos, pero también está presente la falta de infraestructura hídrica, la baja aplicación de tecnologías innovadoras y el hecho de no modernizar políticas, regulaciones y prácticas de gobernanza, refirió Caballero Güendulain.

Cortesía: UNAM

Uno de los aspectos más preocupantes de la crisis mundial del agua, continuó, radica en que quienes menos pueden pagar el acceso al agua, desembolsan un porcentaje desproporcionadamente alto de sus ingresos por ella. Por ejemplo, un hogar que no tiene el servicio de agua potable tiene que gastar en agua embotellada y camiones cisterna para satisfacer sus necesidades de consumo.

El agua, desde el punto de vista económico, puede considerarse una mercancía cuya valoración monetaria expresa su escasez; además, la apropiación privada y su precio se pueden usar como reguladores de su explotación intensiva, subrayó en entrevista.

En 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho humano al agua y al saneamiento, los cuales son esenciales para llevar a la práctica otros derechos humanos. De tal suerte que reconocer esta premisa es un exhorto a que los países proporcionen el suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos.

Tal contraposición de perspectivas del agua genera enconadas discusiones respecto a los precios o tarifas que se tienen que pagar, más aún si se tuviera que pagar por ese derecho, detalló.

Así, en la búsqueda de regular la explotación excesiva del agua, se han usado los precios para limitar el consumo. En México, acotó, el artículo 27 constitucional establece que el agua es un bien de la nación y confiere al Ejecutivo su administración.

Por otro lado, la Comisión Nacional del Agua otorga concesiones a particulares, industrias y organismos operadores para usar las aguas de propiedad nacional a cambio del pago de ese derecho. Las tarifas de agua son fijadas de forma diferente en cada municipio, e incluyen los costos de abastecimiento de agua (captación, potabilización y traslado), alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. De ahí que, en el caso mexicano, no se paga por el agua sino por los costos de llevar el agua a los hogares y empresas.

Por lo que se refiere a la Ciudad de México, las fuentes locales se encuentran sobreexplotadas, fenómeno que obliga a traer el agua de cuencas lejanas, lo que implica un costo elevado, mismo que no se ve reflejado en la tarifa de agua que pagan los capitalinos, señaló Caballero Güendulain.

Recientemente, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México anunció un incremento de 35 por ciento en el pago del agua en 165 colonias, si el consumo de los hogares excede los 60 mil litros de consumo en seis meses.

El agua puede considerarse un bien inelástico, es decir, la cantidad demandada disminuye muy poco ante un incremento en su precio, debido a que es un bien necesario; sin embargo, este incremento puede inducir a cambios de comportamiento en su consumo debido a que el incremento no es menor. De manera que los habitantes de esas colonias posiblemente comiencen a tomar medidas como reparación de fugas, cambio de muebles sanitarios por ahorradores, duchas más cortas, entre otras previsiones, consideró.

En contraste, en otros países el agua es concebida como una mercancía, cuyo precio está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Operan mercados de agua y bancos de agua, donde se establecen acuerdos entre personas que cuentan con derecho de uso del agua y usuarios que la necesitan.

El caso más extremo, alertó, se registró en diciembre pasado, cuando el recurso hídrico comenzó a cotizar por primera vez en el mercado de futuros de la Bolsa Mercantil de Chicago, con 1.1 miles de millones de dólares en contratos vinculados a los precios del agua en California.

El agua que ahí se comercializa es para uso agrícola e industrial. Este mercado permite a los agricultores fondos de cobertura y a las municipalidades realizar estrategias de cobertura sobre el precio futuro del agua y la disponibilidad de agua en el oeste americano.

La región es una de las más afectadas por las sequías e incendios, alimentados por el cambio climático, de ahí que contar con un instrumento de cobertura como el referido resulta útil para lidiar con la incertidumbre de precios y prever los gastos que se tendrán que erogar por el recurso en un futuro cercano, expuso.

No obstante, considerar el agua como un bien comercializable pone un derecho humano básico en manos de instituciones financieras e inversionistas, lo cual resulta aún más riesgoso si se considera el cambio climático, que altera los patrones de precipitación y aumenta la escasez de agua, concluyó.