La crisis de agua de la CDMX y EDOMEX

Por Redacción.

Imagen ilustrativa: Pixabay.

A inicios de abril la comisión nacional del agua anuncio una sequía que afectaba a los diferentes estados de la república mexicana, sobretodo a los estados del noroeste. Las afectaciones se extendieron hasta la capital del país donde el sistema Cutzamala, que abastece de agua a 21 millones de habitantes, redujo su capacidad a una cifra menor al promedio de cada año. (Se sabe que 47% de los mexicanos no tiene acceso constante al agua potable).

Ante una escasez creciente de agua en la Ciudad de México y algunos otros lugares de la república por parte del sistema Cutzamala es importante recordar que el agua dulce representa solo el 2.5% del agua del planeta, del cual 70% está en forma de hielo y únicamente 0.007% es para consumo humano. La bióloga Vanessa Yahuitl propone en el siguiente video 2 vías de acción que ayudan a reducir el consumo de agua.

La primera es un consumo consciente de todos los recursos que adquirimos de las grandes empresas. Vanessa nos da este dato: “Según la Registro Público de Derechos de Agua (REPDA) existen 3mil304 empresas con concesiones para extraer de cerca de 13mil208millones de metros cúbicos de agua al año.

¿Quiénes son estas empresas? PEMEX, CFE, cerveceras, acereras, agroindustrias, mineras, papeleras, automotrices, entre otras” Al reducir el consumo de todas estas empresas, la producción que requiere grandes cantidades de agua dulce también se disminuye.

La segunda vía de acción es mejorar nuestros hábitos y costumbres de nuestro día a día. De acuerdo con la investigación de Yahuitl, el consumo promedio de agua por persona es de 380 litros al día, a continuación el por qué:

  • 12 litros de agua por minuto al lavarse las manos
  • 200 litros de agua por 10 minutos en la regadera
  • 10 litros de agua cada 10 minutos al lavar trastes (una gota de aceite puede contaminar mil litros de agua)
  • De 40 a 62 litros por ciclo de lavado en una lavadora
  • 6 litros de agua por cada descarga en el sanitario

Así que como segunda solución es mejorar la cultura del consumo de agua personal, utilizar jabones biodegradables y productos amables con el medio ambiente.

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Subsidio diferenciado aseguraría pago justo por el servicio del agua

  • El mantenimiento de los ecosistemas, la regulación climática y la conservación de la biodiversidad, aspectos clave para recargar los acuíferos: Alonso Aguilar Ibarra, académico del IIEc
  • En la CDMX más de 40 por ciento del suministro del vital líquido se pierde por fugas en la red hidráulica y en el hogar

Por Coordinación General de Comunicación Social de la UNAM

Multimedia: UNAM

(La UNAM publicó originalmente este material el 19 de marzo de 2021)

Alonso Aguilar Ibarra, académico del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, indicó que de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente el consumo diario promedio de agua en un hogar es de 150 litros por persona, aproximadamente. Esto tiene un costo de cinco a 15 pesos, que incluye el precio de extracción, potabilización y distribución por domicilio; además, está subsidiado en alto porcentaje.

El problema de la subvención, resaltó, es que se aplica igual para todos; es decir, el líquido llega a la población de bajos y altos ingresos al mismo precio, todos son beneficiados por igual. Hay poblaciones que carecen de agua, pero la deben pagar, además de comprar, en ocasiones, pipas de agua.

El especialista resaltó que el bienestar de la población se ve afectado al carecer del recurso. En contraste están aquellas personas de altos ingresos con casas grandes, con jardines, para quienes el agua es prácticamente gratuita por su bajo costo.

Alonso Aguilar Ibarra
Cortesía: uNAM

Ante ello, Aguilar Ibarra sugirió establecer un subsidio diferenciado; es decir, que las personas de bajos ingresos y poco consumo paguen menos, y las de mayores ingresos tengan tarifas altas por su elevado uso; “esto sería lo más justo, desde el punto de vista social, y lo más eficiente desde la perspectiva económica”.

Además, el “subsidio diferenciado permitiría asegurar el derecho al agua de las personas de menores ingresos para que gocen de una vida digna”.

Al respecto, el universitario puso como ejemplo las ciudades de Tijuana y Ensenada, en Baja California, donde la población tiene menos subsidio y debe pagar más. Es un sistema de menor intervención del gobierno y, por tanto, los usuarios se ven obligados a pagar más y a cuidar el vital líquido.

El especialista en Economía Pesquera destacó que en la Ciudad de México más de 40 por ciento del suministro de agua potable se pierde por fugas en la red hidráulica; también una parte importante se dispendia por fugas en los hogares, lo cual con frecuencia pasa inadvertido; ese líquido se va directo al drenaje.

Desde el punto de vista de la economía ambiental, el experto señaló la importancia del agua como insumo para la producción y el consumo de la sociedad, pero también como receptor de emisiones contaminantes que provienen de actividades agrícolas, ganaderas y del propio uso urbano.

De acuerdo con cada país, la industria agropecuaria junto con la ganadería intensiva, son los sectores con mayor demanda de agua para su funcionamiento. En México estas actividades requieren de 70 por ciento del líquido que se extrae.

En ese sentido, dijo, que contar con agua suficiente para producir alimentos y vestido es importante porque se preservan empleos y la seguridad alimentaria, “eso también tiene efectos económicos porque tiene que ver con el bienestar de la población”.

Voz: Alonso Aguilar Ibarra
Cortesía: UNAM

Para Aguilar Ibarra la iniciativa de cosecha de agua de lluvia implementada en la Ciudad de México debería generalizarse en el país, porque con esta medida se disminuiría el consumo de agua potable en una cantidad importante de hogares y contribuiría a que otros cuenten con el líquido.

Sin embargo, acotó, lo importante es tener más áreas verdes porque son el mejor instrumento para recargar los acuíferos a través del agua de lluvia; con ello habría mayor recurso disponible para extraer de los acuíferos, contar con agua a futuro y evitar traer mayor cantidad del vital líquido del Sistema Cutzamala y de otros lugares.

Se trata de un reordenamiento urbano, restaurar algunas áreas o utilizar tecnologías como las empleadas en la UNAM donde los estacionamientos de algunos edificios tienen una especie de adoquines que permiten la refiltración del agua al acuífero.

El académico del IIEc aseveró que el mantenimiento de los ecosistemas, junto con la regulación climática y la conservación de la biodiversidad, son aspectos clave para la recarga de acuíferos. “Es necesario frenar la expansión urbana, eso es de vida o muerte en el futuro”.

Agua, eslabón central del desarrollo sustentable

  • Su uso desmedido afecta los ecosistemas y la biodiversidad: Alejandra Fonseca, de la CoUS
  • Abrir la llave y usarla, requiere cambio de mentalidad
  • La UNAM cuenta con diversos programas para atender el tema, entre ellos PUMAGUA y la Red del Agua


Por Coordinación General de Comunicación Social de la UNAM

Multimedia: UNAM

(La UNAM publicó originalmente este material el 17 de marzo de 2021)

La sobreexplotación de los acuíferos, las actividades del ser humano que han afectado el ciclo hidrológico, la deforestación, la cual propicia temporadas más secas y mayor sensación de calor en las ciudades, entre otros factores, inciden en la calidad y cantidad de agua de la cual se dispone, afirmó Alejandra Fonseca Salazar, integrante de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (CoUS) de la UNAM.

El agua es un recurso limitado e insustituible y es necesario gestionarla correctamente para que nosotros mismos y las generaciones futuras tengamos sus beneficios; su escasez es un tema relevante que debe preocupar a los gobiernos, los ciudadanos y a los investigadores, destacó la especialista.

El vital líquido es un eslabón central del desarrollo sustentable. Está en las tres esferas que abarcan la sustentabilidad: económica, ambiental y la social. “El recurso se usa para actividades como la industria y la agricultura, pero también es necesaria para los ecosistemas y nuestra propia supervivencia”.

Es tal su relevancia que está presente, de forma directa o indirecta, en 14 de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible, iniciativa impulsada por la Organización de las Naciones Unidas; el número 6 se refiere a “garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”.

La bióloga y doctora en ciencias recordó su importancia en materia de salud, toda vez que lavarse las manos con agua disminuye la posibilidad de contraer enfermedades como la COVID-19.

En ocasión del Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo, recalcó que la conmemoración debe servir para hacer conciencia y de lo increíble que es ese recurso, apreciar sus beneficios y reflexionar que somos agua: 60 por ciento de nuestro cuerpo está compuesto por agua. “Eso habla mucho de la relación estrecha que tenemos con ella”.

Fonseca Salazar comentó la problemática que se vive en la Ciudad de México, la cual depende en gran medida del agua subterránea para su abastecimiento. Sin embargo, la recarga de acuíferos no es suficiente.

La explotación desmedida del agua además afecta los ecosistemas y la biodiversidad; además, el ciclo hidrológico impulsa otros, como los del nitrógeno y del fósforo, que también se ven afectados porque el líquido ayuda a que esos elementos lleguen, por ejemplo, al suelo, y de ese modo se incorporen a otros ciclos biogeoquímicos.

Voz: Alejandra Fonseca Salazar.
Cortesía de la UNAM

Reaprovechamiento del líquido

Alejandra Fonseca destacó el papel de los ciudadanos para enfrentar y resolver el problema. “Abrimos la llave y usamos el agua, pero no pensamos dónde se obtuvo, cuántos miles de años puede tener o cuánto le costó al planeta almacenarla; simplemente abrimos la regadera o jalamos la palanca del excusado, sin pensar en nada más. Debemos cambiar de mentalidad”.

El agua de desecho que sale de las casas en la Ciudad de México, detalló, va a parar al Valle del Mezquital, a 100 kilómetros de distancia, donde –una vez tratada– la recibe otra población y se aprovecha para sembrar.

Para la especialista, esas aguas residuales se deben tratar adecuadamente y utilizarlas otra vez en la capital mexicana; eso es sustentabilidad. Además, instalar mayor cantidad de plantas de tratamiento y potabilizadoras, ser más estrictos con las empresas que contaminan y aplicarles sanciones más severas; sería lo óptimo.

En cuanto a las acciones en lo individual, dijo que se requiere reducir el tiempo para bañarse; recolectar el agua fría de la regadera mientras sale la caliente; reusar la utilizada en la lavadora para asear el patio o regar las áreas verdes; cerrar correctamente las llaves; que no haya fugas o goteras, entre otras. “Son recomendaciones sencillas que ayudan a cuidar el recurso y a darnos cuenta de cómo lo utilizamos”.

En la UNAM se cuenta con al menos dos programas en materia de agua: PUMAGUA que opera en Ciudad Universitaria y otras sedes, cuyos objetivos son la reparación de fugas, la calidad del agua, además de la concientización entre la comunidad de la trascendencia de su cuidado, al igual que bebederos a fin de contar con líquido para consumo de buena calidad y evitar el uso de botellas de plástico.

Asimismo, la Red del Agua, la cual se aboca a la investigación y concentrar grupos de expertos en el tema para buscar soluciones a diversos problemas.

Las entidades académicas también participan en la tarea del cuidado del vital líquido. Por ejemplo, la Facultad de Estudios Superiores Acatlán cuenta con su propia planta de tratamiento de aguas residuales y apoya en ese sentido a algunas colonias aledañas; así como la implementación de baños secos.

A futuro, consideró Fonseca Salazar, uno de los temas relevantes será el tratamiento de aguas porque “cada vez encontramos elementos más difíciles de eliminar, como microplásticos y sustancias químicas provenientes de productos farmacéuticos. Eso va a requerir más investigación”.

Estrés hídrico y desigualdad, factores que encarecen el agua

  • Considerarla como un bien comercializable pone un derecho humano básico en manos de instituciones financieras e inversionistas
  • El acceso al agua es más caro para quienes menos tienen: Karina Caballero Güendulain, de la Facultad de Economía

Por Coordinación General de Comunicación Social de la UNAM

Multimedia: UNAM

(El presente material fue publicado originalmente por la UNAM el 19 de marzo de 2021)

Si se reporta una disminución significativa en la cantidad y calidad disponible de agua dulce necesaria para satisfacer las necesidades de agua dentro de una región, esta situación puede relacionarse con el estrés hídrico, el cual mide la proporción de extracción en relación con la disponibilidad de agua.

Aún más, el estrés hídrico es impulsado por el crecimiento demográfico y económico, así como por el cambio climático y la degradación de los ecosistemas, aseguró Karina Caballero Güendulain, académica de la Facultad de Economía.

Hoy en día, el estrés hídrico afecta a una cuarta parte de la población mundial. No es un problema exclusivo de los países en desarrollo, y de no haber un cambio en sus causas, parece que seguirá aumentando, lo que tendrá efectos nocivos para la vida humana, la seguridad alimentaria, la salud, y afectará las actividades económicas.

Asimismo, incidirá en el desplazamiento de millones de personas en busca de lugares en los cuales puedan tener acceso al preciado recurso en los próximos años, alertó.

En tanto, la demanda de agua dulce continúa en aumento de manera significativa debido al crecimiento poblacional, al desarrollo económico y a los patrones de consumo, lo que incrementa el uso del agua para las necesidades domésticas, industriales y agrícolas. Cabe advertir, dijo, que la agricultura representa alrededor de 70 por ciento del uso del agua dulce global, lo cual hace que la cadena de suministro de alimentos y bebidas sea altamente sensible al estrés hídrico.

Actualmente se observa una enorme desigualdad en la disponibilidad de agua en las sociedades, asociada, en primer lugar, a factores geográficos, pero también está presente la falta de infraestructura hídrica, la baja aplicación de tecnologías innovadoras y el hecho de no modernizar políticas, regulaciones y prácticas de gobernanza, refirió Caballero Güendulain.

Cortesía: UNAM

Uno de los aspectos más preocupantes de la crisis mundial del agua, continuó, radica en que quienes menos pueden pagar el acceso al agua, desembolsan un porcentaje desproporcionadamente alto de sus ingresos por ella. Por ejemplo, un hogar que no tiene el servicio de agua potable tiene que gastar en agua embotellada y camiones cisterna para satisfacer sus necesidades de consumo.

El agua, desde el punto de vista económico, puede considerarse una mercancía cuya valoración monetaria expresa su escasez; además, la apropiación privada y su precio se pueden usar como reguladores de su explotación intensiva, subrayó en entrevista.

En 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho humano al agua y al saneamiento, los cuales son esenciales para llevar a la práctica otros derechos humanos. De tal suerte que reconocer esta premisa es un exhorto a que los países proporcionen el suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos.

Tal contraposición de perspectivas del agua genera enconadas discusiones respecto a los precios o tarifas que se tienen que pagar, más aún si se tuviera que pagar por ese derecho, detalló.

Así, en la búsqueda de regular la explotación excesiva del agua, se han usado los precios para limitar el consumo. En México, acotó, el artículo 27 constitucional establece que el agua es un bien de la nación y confiere al Ejecutivo su administración.

Por otro lado, la Comisión Nacional del Agua otorga concesiones a particulares, industrias y organismos operadores para usar las aguas de propiedad nacional a cambio del pago de ese derecho. Las tarifas de agua son fijadas de forma diferente en cada municipio, e incluyen los costos de abastecimiento de agua (captación, potabilización y traslado), alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. De ahí que, en el caso mexicano, no se paga por el agua sino por los costos de llevar el agua a los hogares y empresas.

Por lo que se refiere a la Ciudad de México, las fuentes locales se encuentran sobreexplotadas, fenómeno que obliga a traer el agua de cuencas lejanas, lo que implica un costo elevado, mismo que no se ve reflejado en la tarifa de agua que pagan los capitalinos, señaló Caballero Güendulain.

Recientemente, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México anunció un incremento de 35 por ciento en el pago del agua en 165 colonias, si el consumo de los hogares excede los 60 mil litros de consumo en seis meses.

El agua puede considerarse un bien inelástico, es decir, la cantidad demandada disminuye muy poco ante un incremento en su precio, debido a que es un bien necesario; sin embargo, este incremento puede inducir a cambios de comportamiento en su consumo debido a que el incremento no es menor. De manera que los habitantes de esas colonias posiblemente comiencen a tomar medidas como reparación de fugas, cambio de muebles sanitarios por ahorradores, duchas más cortas, entre otras previsiones, consideró.

En contraste, en otros países el agua es concebida como una mercancía, cuyo precio está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Operan mercados de agua y bancos de agua, donde se establecen acuerdos entre personas que cuentan con derecho de uso del agua y usuarios que la necesitan.

El caso más extremo, alertó, se registró en diciembre pasado, cuando el recurso hídrico comenzó a cotizar por primera vez en el mercado de futuros de la Bolsa Mercantil de Chicago, con 1.1 miles de millones de dólares en contratos vinculados a los precios del agua en California.

El agua que ahí se comercializa es para uso agrícola e industrial. Este mercado permite a los agricultores fondos de cobertura y a las municipalidades realizar estrategias de cobertura sobre el precio futuro del agua y la disponibilidad de agua en el oeste americano.

La región es una de las más afectadas por las sequías e incendios, alimentados por el cambio climático, de ahí que contar con un instrumento de cobertura como el referido resulta útil para lidiar con la incertidumbre de precios y prever los gastos que se tendrán que erogar por el recurso en un futuro cercano, expuso.

No obstante, considerar el agua como un bien comercializable pone un derecho humano básico en manos de instituciones financieras e inversionistas, lo cual resulta aún más riesgoso si se considera el cambio climático, que altera los patrones de precipitación y aumenta la escasez de agua, concluyó.