El maximato de AMLO pasa por controlar a la UNAM y dejar a Sheinbaum en Palacio Nacional

Por Jorge Santa Cruz (*)

Imagen ilustrativa: Gobierno de México

Los ataques del presidente de la República a la UNAM reproducen los esquemas ideológicos del CEU

Los ataques a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) distan mucho de ser simples ocurrencias del presidente Andrés Manuel López Obrador. En realidad, forman parte de su estrategia para establecer un maximato a partir de 2024.

El modelo de control total que ha diseñado el jefe del Ejecutivo federal pasa por anular la autonomía de la UNAM y por colocar a la actual jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en la Presidencia de la República.

La campaña presidencial contra la máxima casa de estudios de México se sustenta en la misma plataforma que utilizó el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) a finales de los 80 y principios de los 90 para desestabilizarla. Los reclamos del CEU en aquel entonces fueron, entre otros, los siguientes:

  • Democratización de los procesos de elección de las autoridades universitarias
  • Creación del Consejo Académico Universitario con autoridad sobre el rector y los directores de los planteles
  • Desaparición de la Junta de Gobierno
  • Desaparición del Tribunal Universitario
  • Desaparición del Cuerpo de Seguridad

Hoy, López Obrador quiere exactamente lo mismo, pero lo dice con otras palabras. El 25 de octubre, aseguró que la UNAM estaba dominada por «lo más retrógrada que había y sigue existiendo». Tres días después, el 28 de octubre, señaló directamente al exrector José Narro Robles de encabezar al grupo neoliberal que controla a la Institución.

López Obrador quiere lo mismo que el CEU (cuyas redes siguen actuando dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México): «democratización de los procesos de elección de las autoridades universitarias»; esto, en palabras sencillas significa, entregar la UNAM a la izquierda radical para que la convierta en formadora de agentes subversivos. (Los ideólogos están listos para actuar: Carlos Ímaz, Imanol Ordorika, John Ackerman, Irma Eréndira Sandoval, Claudia Sheinbaum… No pasemos por alto que López Obrador evocó el 28 de octubre que Sheinbaum surgió de una protesta —la del CEU en 1988—).

Una vez entregada la UNAM a la izquierda radical se procedería a hacer lo mismo con el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y con las demás instituciones públicas del país.

Una parte importante de la juventud mexicana (tan golpeada por el neoliberalismo) quedaría, entonces, a merced de los ideólogos del marxismo cultural promovido por George Soros y redituaría un número importante de votos a la 4T, que se convertiría en el maximato del siglo XXI (casi un siglo después del de Plutarco Elías Calles).

El pasado 1 de noviembre, en Colima, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, declaró que México está preparado «desde hace mucho» para tener a una mujer en la Presidencia de la República. Y dijo más: no solo es un asunto de género, sino de darle continuidad a la Cuarta Transformación.

López Obrador sería el verdadero poder detrás de Sheinbaum, en caso de que lograra colocarla al frente del poder ejecutivo federal. La UNAM y demás instituciones públicas de educación superior, por su parte, fungirían como formadoras de milicias defensoras y promotoras de la 4T.

Tal es el escenario visto por el autor. Lo más grave para México está por ocurrir.

(*) Jorge Santa Cruz

Periodista con 40 años de trayectoria profesional