El desarrollo económico de los países requiere que los sistemas productivos sean más eficientes en responsabilidad ambiental

Por Laura Flores Reyes (*).

Imagen ilustrativa: Geralt (Pixabay)

Los daños al medio ambiente son causa de preocupación a nivel mundial y nacional.

El desarrollo económico de los países requiere que los sistemas productivos sean más eficientes en responsabilidad ambiental.

Las naciones y las instituciones multilaterales han propuesto legislaciones con el fin de que la actividad económica sea sostenible.

Las empresas, por la tanto, están obligadas a conocer las leyes en materia ambiental con el fin de evitar sanciones y, sobre todo, de cumplir con la responsabilidad ambiental que les corresponde.

En México, está vigente la Ley Federal de Responsabilidad Ambiental (LFRA) que regula los mecanismos de protección y establece las sanciones para quienes dañan al ambiente.

Los titulares de estas actividades, que se encuentran en el listado y alcance de la LFRA, quedan obligados a atender la reparación y compensación que se hubiesen provocado por dichos daños.

El presente artículo se refiere a la responsabilidad ambiental de las empresas. La LFRA obliga a las que se dedican a la gestión de residuos, a las que tienen concesiones o permisos hidráulicos, a las que trabajan con hidrocarburos, a las que fabrican y almacenan productos, a las que transforman sustancias o preparados fitosanitarios. También, a las que se especializan en la gestión y transporte de residuos, a las industrias extractivas y a los distribuidores de productos tan diversos como el agua purificada, lácteos y gasolinas.

La LFRA permite, asimismo, atender la reparación y compensación que se hubiesen provocado por daños al medio ambiente. También establece mecanismos alternativos de solución de controversias en la materia, a través de procesos judiciales federales o procedimientos administrativos por la vía civil y penal.

Cabe decir que las actividades de producción no son las únicas que se han visto afectadas por los efectos del cambio climático; igual sucede con el consumidor. Por esa razón, es una responsabilidad que requiere colaboración del sector empresarial y la sociedad, en pro de cuidar y conservar los recursos naturales para obtener beneficios de ellos, aminorando el impacto ambiental.

Las empresas, al adoptar prácticas de responsabilidad ambiental, disminuyen costos de producción con reciclajes, y control y uso razonable de energía, entre otras acciones.

Los consumidores, por su parte, buscan adquirir productos provenientes de empresas con prácticas de responsabilidad ambiental.

Por tanto, la responsabilidad ambiental sugiere un crecimiento importante de la empresa para ser atractiva a los inversionistas y consumidores, crear nuevos productos o servicios, capacitar y crear conciencia ambiental y, finalmente, propiciar un desarrollo económico sostenible.

La responsabilidad ambiental comprende factores que establecen vínculos de lealtad entre el consumidor y los productos.

En este caso, el cumplimiento de la ley no debe ser visto como un trámite impuesto por el Estado, sino como un acto de generosidad hacia los demás, y por supuesto, hacia el medio ambiente.

(*) Laura Flores Reyes

Doctora en administración pública y profesora de asignatura en la UNAM y Universidad Anáhuac.