Para poder regresar de forma responsable a las actividades totalmente presenciales se tendrían que hacer adaptaciones: construir más aulas, equiparlas con equipo tecnológico avanzado, que estén bien ventiladas, baños limpios para un constante aseo, toma de temperatura al entrar, gel, sanitización contantemente, etc.

Por Mario Rosales Betancourt (*).

Imagen ilustrativa: UNAM.

El presidente López Obrador presiona a las universidades públicas para que regresen totalmente a las actividades presenciales, y les dice que «ya se pasaron». Su megáfono, Ricardo Salinas Pliego, primero calificó de «huevones» a los profesores universitarios y luego, porque le pareció insuficiente, los tildó de «rateros», «corruptos» e «inmorales» debido a que utilizan el internet para dar sus clases.

Esto es injusto. Me consta, que, en general, los trabajadores de las universidades laboramos con intensidad, cuidado, esmero, vocación y entrega. Y damos mucho más de lo que recibimos de salario. Por ejemplo, en el caso de los profesores de asignatura (dada la formación y calidad que se requiere para dar clases a nivel superior), el ingreso que reciben es muy bajo. Ciertamente hay excepciones, y en universidades públicas, especialmente entre funcionarios y empleados de confianza, hay quienes cobran mucho y hacen poco o nada. Ah, pero se encuentran muchos más casos de estos, de los famosos aviadores, en las dependencias y entidades del Gobierno Federal, que sí son responsabilidad del presidente López Obrador.

Segundo: es retrógrado y reaccionario atar la función de las universidades solo a la actividad presencial. Incluso antes de la pandemia se habían desarrollado sistemas de educación a distancia. Tan fue así que muchos profesores de enseñanza presencial utilizábamos las nuevas tecnologías por ser magníficas herramientas para enriquecer el proceso enseñanza-aprendizaje. Digámoslo con claridad: se había evolucionado a los sistemas híbridos, como en la educación abierta, donde hay clases y plataformas educativas en internet y asesoría presencial. La enseñanza superior en todo el mundo está evolucionado y dejando de ser totalmente presencial. La pandemia solo aceleró el proceso.

Tercero y lo más importante: para poder regresar de forma responsable a las actividades totalmente presenciales se tendrían que hacer adaptaciones: construir más aulas, equiparlas con equipo tecnológico avanzado, que estén bien ventiladas, baños limpios para un constante aseo, toma de temperatura al entrar, gel, sanitización contantemente, etc. Y, desde luego, para todo ello, se requiere contratar a más personal académico y administrativo. Sin embargo, el Gobierno Federal no otorga mayor presupuesto a las universidades. Exige, sí, que se regrese totalmente a las actividades presenciales, pero sin otorgar los recursos necesarios para que puedan hacerlo sin riesgo. No solo para los integrantes de las comunidades universitarias, sino de sus familias. Y de ellas, para el resto de la sociedad.

Finalmente, su «respetuoso» exhorto, es y será contraproducente. Si el presidente de la República hubiera dejado que, como establece la Constitución, las universidades hubieran decidido autónomamente el regreso presencial, sin intervención del gobierno, este se hubiera dado naturalmente. Pero la injerencia presidencial, agravada por Salinas Pliego (y dado el espíritu rebelde de los jóvenes estudiantes), solo provocará una reacción en contra, que dificultará que los universitarios lleguen a acuerdos en este delicado tema.

Dicho de otra manera: solo generará división dentro de las universidades públicas, un enfrentamiento entre los partidarios del Ejecutivo federal y sus detractores. Choque que afectará la adecuada formación de profesionales útiles para el pueblo de México.

(*) Mario Rosales Betancourt

Profesor titular C con 45 años de antigüedad en FES Acatlán, UNAM. Profesor con 39 años de antigüedad en UAM-Azcapotzalco. Miembro de ANPERT (Asociación Nacional de Periodistas de Radio y Televisión) y de CONAPE (Compañeros Internacionales Periodistas y Editores)