La gran reunión del 1 de diciembre evidencia cómo el presidente López Obrador, con su manejo de las llamadas virtudes teologales ha logrado consolidar un gran poder unipersonal

Por Mario Rosales Betancourt (*).

Imagen ilustrativa: Gobierno de México.

No es la ciencia, sino la creencia lo que determina en política. Fue la creencia de los mas de los electores la que determinó que finalmente ganara López Obrador. Y el gobierno de AMLO se basa en sus propias creencias. Su lucha y su éxito, como lo señaló el propio presidente, es que se concentró en influir en la mentalidad, en la conciencia de la gente, La 4T no buscó transformar la estructura social, o el modelo económico, o el régimen jurídico, sino transformar conciencias y mentes, y eso es lo que López Obrador, cree que es lo irreversible.

La gran reunión del 1 de diciembre evidencia cómo el presidente López Obrador, con su manejo de las llamadas virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) ha logrado consolidar un gran poder unipersonal; esto es: ha logrado despertar una fe en él. Fe ciega que profesa un gran porcentaje de la población que cree en él como un devoto cree en su religión; o un fanático, en su equipo de futbol, sin que importen hechos ni resultados. No fue un informe, sino una prédica para reforzar la fe de los creyentes. Informar es decir algo nuevo. Y no dijo algo que no supiéramos, o que no lo hubiera dicho antes. Fue como un rito, donde se repiten frases sacramentales y dogmas.

Se centró en la esperanza, en las promesas, en el paraíso que está por venir; no tanto en logros ya alcanzados, tal vez porque no los haya. Así se reafirmó la esperanza de que el nuevo aeropuerto Felipe Ángeles solucionará eficientemente, a bajo costo y por mucho tiempo, las necesidades del tráfico aéreo; que tendremos una vacuna (la Patria) que nos protegerá mejor que los amuletos de la pandemia; que próximamente dejarán de existir la corrupción, la inseguridad, el desempleo; que no solo desaparecerán los problemas de abasto de medicinas, sino que contaremos con servicios médicos como los de Dinamarca; que disfrutaremos de electricidad segura, económica y sustentable, etc., etc.

La caridad, por supuesto, se manifiesta en los programas sociales que directamente llegan a cada vez más personas; y aunque con ellos no se abate el número y porcentaje de quienes viven en la pobreza, los beneficiarios lo agradecen mucho, como también se agradece la vacunación masiva y gratuita. En realidad, fue la fiesta al santo patrono del pueblo, con el fervor que solo se logra con un gran manejo de la fe, esperanza y caridad.

Ciertamente hay cuestiones positivas en estos tres años de gestión. Se tiene un gran control social que evita estallidos sociales, minimiza las grandes manifestaciones en contra del gobierno, son pocas las huelgas, y los movimientos como los de la CNTE han sido moderados.

En lo que respecta a la política económica, pese a que de palabra se critica al neoliberalismo, se ha mantenido una relativa estabilidad, gracias a que se sostienen políticas neoliberales, como el no incremento de impuestos, el estímulo a algunas actividades empresariales y la participación en los mercados internacionales, particularmente los relacionados con América del norte. También ha sido positiva la recuperación del salario mínimo, aunque el recientemente anunciado, pueda tener algunos efectos inflacionarios.

Pero vemos cómo en las tareas más importantes, las propias de un gobierno, los resultados son muy negativos. Quien era un gran candidato opositor en campaña, demuestra ser mal gobernante. No obstante, algo que le ayuda es el hecho de que sus predecesores tampoco lograron buenos gobiernos, y, además ahora, no saben ser una buena oposición.

Así, a pesar de sus altas tasas de popularidad, los datos duros de inseguridad, criminalidad e impunidad siguen creciendo. En el campo económico bajan las expectativas de crecimiento económico y suben las de inflación, llevando al país al peor de los escenarios posibles, el de la estanflación, que implica al mismo tiempo inflación y deflación.

En el ámbito jurídico, se descuida el cumplimiento desde las normas constitucionales hasta las administrativas; y se busca evadir la ley por métodos no idóneos como el acuerdazo. De manera continua se ha visto el incumplimiento de las leyes que el presidente prometió cumplir, cuando juró guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que emanan de ella.

En el campo social, sabemos que el porcentaje de la población que vive en la pobreza y pobreza extrema se incrementa. La calidad y atención en temas sociales básicos (como la educación y la salud) se han deteriorado terriblemente. Aunque se niegue, se vive una militarización —entendida esta como el empleo del Ejército y la Marina— en tareas totalmente inconexas con la seguridad nacional.

Los motivos, ciertamente, pueden deberse a causas externas, particularmente a la pandemia; pero hay otros fenómenos que, claramente, fueron resultado de decisiones equivocadas. Creo que las principales fallas se dan porque el actual gobierno descuida las tareas que le son propias, por realizar tareas que no son estrictamente gubernamentales, como las de producir y distribuir productos en competencia desleal con las empresas privadas.

En su mensaje, una de las frases más fuertes fue la de que no se debía apoyar a las empresas privadas en la recuperación económica. Dijo claramente: “Al carajo con ese cuento; que no es cierto que si lloviera fuerte arriba, goteaba abajo, como si la riqueza fuese permeable o contagiosa”. No se da cuenta de que el apoyo que se dio en la mayoría de los países a las empresas privadas durante la pandemia se debió a estas son las que generan fuentes de trabajo, y que la verdadera solución a los problemas sociales está más por el lado de generar empleos estables y bien remunerados que por el de los programas asistenciales, que solamente son paliativos.

Se está en contra de los que antes estaban arriba, y a los que se culpa de todos los males; pero ahora se tiene un nuevo arriba. Los de antes se transforman en una nueva trinidad divina integrada primero por políticos (encabezados por el presidente López Obrador y donde están viejos políticos como Bartlett y jóvenes políticas como Sheinbaum). En segundo lugar, un grupo de empresarios, cercanos y afines al gobierno, como Salinas Pliego, que son los que realizan ahora los contratos de obras públicas y los principales negocios que tienen que ver con el gobierno. Y en tercero, los altos mandos del Ejército, a quienes cada vez se les dan más actividades. Vivimos y vemos cómo se fortalece un capitalismo de cuates, militarizado y con una cara populista.

(*) Mario Rosales Betancourt

(*) Profesor titular C con 45 años de antigüedad en FES Acatlán, UNAM. Profesor con 39 años de antigüedad en UAM-Azcapotzalco. Miembro de ANPERT (Asociación Nacional de Periodistas de Radio y Televisión) y de CONAPE (Compañeros Internacionales Periodistas y Editores).