Agua, eslabón central del desarrollo sustentable

  • Su uso desmedido afecta los ecosistemas y la biodiversidad: Alejandra Fonseca, de la CoUS
  • Abrir la llave y usarla, requiere cambio de mentalidad
  • La UNAM cuenta con diversos programas para atender el tema, entre ellos PUMAGUA y la Red del Agua


Por Coordinación General de Comunicación Social de la UNAM

Multimedia: UNAM

(La UNAM publicó originalmente este material el 17 de marzo de 2021)

La sobreexplotación de los acuíferos, las actividades del ser humano que han afectado el ciclo hidrológico, la deforestación, la cual propicia temporadas más secas y mayor sensación de calor en las ciudades, entre otros factores, inciden en la calidad y cantidad de agua de la cual se dispone, afirmó Alejandra Fonseca Salazar, integrante de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (CoUS) de la UNAM.

El agua es un recurso limitado e insustituible y es necesario gestionarla correctamente para que nosotros mismos y las generaciones futuras tengamos sus beneficios; su escasez es un tema relevante que debe preocupar a los gobiernos, los ciudadanos y a los investigadores, destacó la especialista.

El vital líquido es un eslabón central del desarrollo sustentable. Está en las tres esferas que abarcan la sustentabilidad: económica, ambiental y la social. “El recurso se usa para actividades como la industria y la agricultura, pero también es necesaria para los ecosistemas y nuestra propia supervivencia”.

Es tal su relevancia que está presente, de forma directa o indirecta, en 14 de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible, iniciativa impulsada por la Organización de las Naciones Unidas; el número 6 se refiere a “garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”.

La bióloga y doctora en ciencias recordó su importancia en materia de salud, toda vez que lavarse las manos con agua disminuye la posibilidad de contraer enfermedades como la COVID-19.

En ocasión del Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo, recalcó que la conmemoración debe servir para hacer conciencia y de lo increíble que es ese recurso, apreciar sus beneficios y reflexionar que somos agua: 60 por ciento de nuestro cuerpo está compuesto por agua. “Eso habla mucho de la relación estrecha que tenemos con ella”.

Fonseca Salazar comentó la problemática que se vive en la Ciudad de México, la cual depende en gran medida del agua subterránea para su abastecimiento. Sin embargo, la recarga de acuíferos no es suficiente.

La explotación desmedida del agua además afecta los ecosistemas y la biodiversidad; además, el ciclo hidrológico impulsa otros, como los del nitrógeno y del fósforo, que también se ven afectados porque el líquido ayuda a que esos elementos lleguen, por ejemplo, al suelo, y de ese modo se incorporen a otros ciclos biogeoquímicos.

Voz: Alejandra Fonseca Salazar.
Cortesía de la UNAM

Reaprovechamiento del líquido

Alejandra Fonseca destacó el papel de los ciudadanos para enfrentar y resolver el problema. “Abrimos la llave y usamos el agua, pero no pensamos dónde se obtuvo, cuántos miles de años puede tener o cuánto le costó al planeta almacenarla; simplemente abrimos la regadera o jalamos la palanca del excusado, sin pensar en nada más. Debemos cambiar de mentalidad”.

El agua de desecho que sale de las casas en la Ciudad de México, detalló, va a parar al Valle del Mezquital, a 100 kilómetros de distancia, donde –una vez tratada– la recibe otra población y se aprovecha para sembrar.

Para la especialista, esas aguas residuales se deben tratar adecuadamente y utilizarlas otra vez en la capital mexicana; eso es sustentabilidad. Además, instalar mayor cantidad de plantas de tratamiento y potabilizadoras, ser más estrictos con las empresas que contaminan y aplicarles sanciones más severas; sería lo óptimo.

En cuanto a las acciones en lo individual, dijo que se requiere reducir el tiempo para bañarse; recolectar el agua fría de la regadera mientras sale la caliente; reusar la utilizada en la lavadora para asear el patio o regar las áreas verdes; cerrar correctamente las llaves; que no haya fugas o goteras, entre otras. “Son recomendaciones sencillas que ayudan a cuidar el recurso y a darnos cuenta de cómo lo utilizamos”.

En la UNAM se cuenta con al menos dos programas en materia de agua: PUMAGUA que opera en Ciudad Universitaria y otras sedes, cuyos objetivos son la reparación de fugas, la calidad del agua, además de la concientización entre la comunidad de la trascendencia de su cuidado, al igual que bebederos a fin de contar con líquido para consumo de buena calidad y evitar el uso de botellas de plástico.

Asimismo, la Red del Agua, la cual se aboca a la investigación y concentrar grupos de expertos en el tema para buscar soluciones a diversos problemas.

Las entidades académicas también participan en la tarea del cuidado del vital líquido. Por ejemplo, la Facultad de Estudios Superiores Acatlán cuenta con su propia planta de tratamiento de aguas residuales y apoya en ese sentido a algunas colonias aledañas; así como la implementación de baños secos.

A futuro, consideró Fonseca Salazar, uno de los temas relevantes será el tratamiento de aguas porque “cada vez encontramos elementos más difíciles de eliminar, como microplásticos y sustancias químicas provenientes de productos farmacéuticos. Eso va a requerir más investigación”.

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