«Y sin embargo, se mueve…»

Se puede afirmar que el Derecho Mexicano ha realizado un ejercicio de introspección con el propósito de reconocer y regular esas demandas sociales que se exigen a través de los años

Por María Guadalupe Aguilar Pineda (*)

Imagen ilustrativa: Orna Wachman (Pixabay)

Un día, el poeta uruguayo Mario Benedetti compartió una frase que impactó de manera significativa en todos los ámbitos de los seres humanos, debido a la profundidad que se resume en ocho palabras que a la letra dicen “Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas”, y es así como nos hacemos conscientes de que una sociedad es cambiante y las personas que pertenecemos a ella somos agentes de cambio, y el Derecho tiene la misión de reconocer y regular esos cambios, con el propósito de conservar una convivencia en donde impere la justicia, la seguridad y el bien común.

En ese orden de ideas, el objetivo del presente es exponer brevemente la importancia de reconocer la existencia de esos cambios o demandas que surgen en la sociedad y que causan impacto en el ámbito de lo jurídico, y para ello, lo primero que debemos abordar es la importancia de la consciencia social, la cual se entiende como aquel conocimiento que permite analizar el comportamiento de las personas y la manera en que impacta a la sociedad que pertenecen.

Lo anterior, implica un ejercicio de introspección que permite cuestionar, reformular y corregir aquella conducta o idea que se considera caduca, por lo que dicho ejercicio es una exigencia ética, una responsabilidad humana y profesional; en ese sentido, es indispensable mencionar que también se deberá tomar en cuenta el sistema moral que opere en esa sociedad que se encuentra en proceso de cambio, ya que se analizarán las normas, posturas y criterios jurídicos y de opinión que se tengan respecto de un mismo acto. Por lo tanto, bajo este supuesto la consciencia debe ser entendía como aquella interpretación que la propia sociedad se hace a sí misma y que, por ende, es aceptada de manera general, mas no universal.

Ahora bien, al cuestionarnos sobre si el Derecho Mexicano ha realizado ese ejercicio de introspección al que alude la consciencia social, tomemos en cuenta que se han tenido algunos reconocimientos de derechos a lo largo de poco más de una década, pues basta recordar aquel mes de marzo de 2010, cuando se legalizaron en la Ciudad de México, los matrimonios entre personas del mismo sexo; dicha legalización tuvo como principal motivación la conquista a los derechos de igualdad, inclusión, respeto y no discriminación. Cabe destacar que de alguna manera en el sistema jurídico mexicano impera el criterio kelseniano, en donde únicamente se considera derecho todo aquello que se encuentra previsto en normas jurídicas escritas y positivizadas, por lo que si alguna situación no se encuentra prevista en una norma, se torna invisible o simplemente no es derecho, es así como el matrimonio igualitario es el parteaguas para hacer jurídicamente visible una situación que ya existía de «hecho”.

Por otro lado, en 2012 tuvimos la tipificación del Feminicidio que, en palabras del INMUJERES, es importante no sólo porque reconoce y evidencia un tipo específico de violencia que surge de la problemática estructural y sistemática que conocemos como violencia de género, sino porque también es esencial en la búsqueda de un sistema penal que garantice los derechos de las mujeres y las niñas en México.

Por último, y derivado de la contingencia motivada por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19), el pasado 11 de enero del año en curso se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Decreto por el que se reforma el artículo 311 y se adiciona el capítulo XII Bis de la Ley Federal del Trabajo, en materia de Teletrabajo. Cabe destacar que de igual manera que en las situaciones anteriores, la regulación obedece a visibilizar una demanda y necesidad social, aunque resulta importante mencionar que algunas empresas desde fechas pasadas hacían el uso de esta modalidad sin garantizar las prestaciones que actualmente contemplan las adiciones a la Ley Federal del Trabajo.

Con base en lo anteriormente expuesto, se puede afirmar que el Derecho Mexicano ha realizado ese ejercicio de introspección con el propósito de reconocer y regular esas demandas sociales que se exigen a través de los años; aunque si bien es cierto que los tres escenarios expuestos no son la panacea, ni es el fin de la regulación, también es cierto que son sólo el principio de una serie de medidas que servirán para visibilizar situaciones que aún se encuentran pendientes de atención y no debemos de perder de vista que (como se mencionó desde un principio) el Derecho tiene como uno de sus propósitos conservar una convivencia en donde impere la justicia. Recordemos las palabras de Jean de la Bruvere: “Una cualidad de la Justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia”.

(*) María Guadalupe Aguilar Pineda

Licenciada en Derecho por la UNAM, con experiencia y formación en Derecho Laboral, Derecho Administrativo y Derechos Humanos.

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